El golpe de efecto hecho el lunes por E.ON cogió por sorpresa a todo el mundo. Cuando la opa de Gas natural sobre Endesa se daba por hecha, viene el gigante alemán y rompe la banca: 29.100 millones de euros en efectivo (un 30% superior a la gasista). El Gobierno, en boca del presidente Zapatero anunció su oposición a la compra, y para ello, empieza a tomar medidas. Dotar a la Comisión Nacional de Energía (CNE), presidida por Maite Costa, de poderes para la toma decisiones, y otras medidas para reducir el déficit tarifario (diferencia entre los costes de producción de energía establecidos por el Gobierno y los techos que marcan las eléctricas), que es un jugoso pastel de plusvalías para las industrias -por valor de 3.500 millones de euros el año pasado-, y que se asumen con fondos públicos.
Mientras, Gas natural trata de recabar ayudas para mejorar su oferta inicial -Repsol y La Caixa son sus socios-, pero ya hay nuevos pretendientes que desean ayudar a la gasista: FCC, la eléctrica francesa EDF y la italiana Enel, se presentan como caballeros legionarios para ofrecer su ayuda. ¿A qué precio?

Repsol
La compañía presidida por Antonio Brufau no está en condiciones para ayudar a su socio Gas Natural. Todavía no se ha repuesto del batacazo bursátil que se llevó cuando reconoció que sus reservas de petróleo eran un 25% inferiores a lo que se creía. A esto hay que añadirle la demanda presentada por los accioneistas estadounidenses que se sienten engañados por esa rebaja y la acusación de Bolivia de contrabando de crudo.
Al contrario de Endesa, la petrolera no tiene acción de oro -expiró el pasado día 6 de febrero-, y a nadie se le escapa que Repsol YPF está en el punto de mira de gigantes europeos, comno la italiana Eni, la británica BP y la angloholandesa Shell.