El Barça conquista su segunda Copa de Europa en París

Minuto 81 de partido. Un balón a la banda que recoge Larsson, lo cede a Beletti que se interna en el área y de tiro fuerte con la derecha se introduce en la portería de Almunia, tras tocar en su pierna derecha. El delirio y el júbilo de miles y miles de culés estalló por toda España. Sólo así gana el Barça: con sangre, sudor y lágrimas. Cuando gana. Porque ayer a decir verdad no jugó nada bien. Atascados y agarrotados como si la vitola de favoritos pudiese con ellos. Menos a uno. Victor valdés, al que Luis Aragonés no lleva a la selección, se encargó en el minuto dos de hacer dos paradas antológicas a Henry. Es más, podría decir que él fue el héroe de la noche, porque fue quién salvó al Barça del 0-2, atrapando un tiro raso del francés en la única contra que tuvieron en el segundo tiempo. Tres minutos después, un pase genial de Andrés
Iniesta, lo toca ligeramente el sueco Larsson, para que Samuel Eto´o firmara el empate (minuto76). Se había roto el muro inglés. Ahora sólo quedaba meter un gol frente a un equipo, el Arsenal, que jugaba con diez y agazapado, después de que en el minuto 18 su portero titular, Lehmann, fuese expulsado por derribar al delantero camerunés al borde del área, tras un pase magistral de Ronaldinho.
Pero cuatro minutos después (81), el brasileño Beletti, que no había marcado un gol en toda la temporada, establecía el 2-1 definitivo. La agonía, tristeza, y los nervios saltaron por los aires, para dar paso a la alegría más grande jamás sentida por un culé, si exceptuamos el gol de Koeman en Wembley (20 de mayo de 1992). Los diez minutos restantes fueron un mero tránsito hasta que el árbitro pitó el final. El Barça, mi Barça, había ganado su segunda copa de Europa.
Amarrar
Frank Rijkaard no fue fiel a su estilo. Dejó a Andrés Iniesta en el banquillo para dar consistencia en el medio campo con Van Bommel. El mejor jugador del Barça en estos momentos empezaba el partido con los suplentes. La apuesta fue desastrosa. El holandés hizo agua frente a los Hleb, Fábregas y Ljungberg. En el descanso el míster se dio cuenta de su error y mandó calentar al chaval de Fuentealbilla (Albacete), que en el segundo tiempo se echó al Barça a sus espaldas y mandó en el medio campo como quiso. De sus botas partió el pase de gol a Samuel Eto´o, que esta vez no falló. Además ejerció de abrelatas, dando muchos pases a la diagonal para que los atacantes (muy estáticos durante el primer tiempo), pudiesen encarar con mayor facilidad la muralla amarilla.
Desastre
Menos mal que al final se ganó. Sino, nos estaríamos acordando del árbitro noruego Terje Hauge para el resto de nuestros días. Fue un desastre. Primero, no dio la ley de la ventaja en la expulsión de Lehmann que acabó en gol de Giuly (minuto18). Dos minutos después le perdonó la roja directa al defensa Eboué por una entrada a destiempo y con los tacos a la altura del muslo sobre Gio Van Bronckhorst. Para más inri, pitó falta de Puyol sobre el costamarfileño, un claro piscinazo y que supuso el gol de Campbell (minuto 37 de la primera parte). Pese a él el Barça salió victorioso.

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