La burbuja inmobiliaria en el municipio de Vigo tiene fecha de caducidad: tres años. Ese es el tiempo estimado por los expertos para que el sector del ladrillo deje de ser apetecible para los inversores. Varios son los factores que explicarían esta ralentización.
El primero es el precio del metro cuadrado de las viviendas nuevas, que apenas deja margen para el aumento. Las tasas de crecimiento en los pisos en el último decenio, que llegaron a alcanzar el 17% anual, están rozando su techo. Los 1.800 euros por metro cuadrado que por término medio se paga en Vigo sitúan a la ciudad como la más cara de Galicia y entre las diez primeras de España.
El segundo factor es la previsible pérdida del hasta ahora arraigado instinto de propiedad privada, que hizo que el 80% de los contratos firmados en el 2005 fueran de compra-venta, frente a un 20% de alquiler. Países de la UE como Francia o Reino Unido la tendencia es justo a la inversa.
Además la aprobación del Plan General de Ordenación Municipal (PGOM), que se encuentra en la actualidad en fase estudio, permitirá duplicar la oferta de suelo y de pisos para los próximos 15 años y actuará como agente moderador del precio de mercado.
Según Carlos Carrera, director de Duck Fin en Vigo, los «chollos se han acabado». Hasta hace dos años, el que ofertaba una vivienda era el que ponía las condiciones de compra y muchas veces «se mostraba inflexible» en las negociaciones, porque sencillamente tenías «muchas personas dispuestas a pagar lo que él quería», reconoce Carlos Carrera. Pero desde hace 24 meses la situación ha cambiado. Ahora es el comprador el que dispone de cierto poder de negociación.
Las sucesivas alzas en el tipo de interés de referencia en la hipotecas, el Euríbor, aumentaron el endeudamiento de las familias viguesas (1,5 puntos en los últimos trece meses), y el esfuerzo financiero (sueldo íntegro que se destina a pagar un piso), es mucho mayor.
Si hasta hace tres años había que destinar 3,8 años de una vida laboral para pagar la primera vivienda, en la actualidad son seis los años necesarios para liquidar la deuda.
«Las cifras llevan a una ralentización en el sector del ladrillo en el municipio», comenta el director de Duck Fin en Vigo, pero este proceso ya se inició en otras zonas de España.