Textil, complemento y calzado, los más afectados por el otoño más caluroso de los últimos años. Las pérdidas acumuladas desde enero sobrepasan los treinta y cinco puntos porcentuales.

Corren malos tiempos para el pequeño comercio de Vigo. A las luchas diarias con las grandes superficies hay que unirle ahora el tiempo, o más concretamente el buen tiempo. La temporada otoño-invierno está resultando desastrosa. En los últimos dos meses las ventas cayeron un 38% respecto al mismo período del 2005.
Los grandes perjudicados por el sol y calor que se asentaron en la ciudad hasta la semana pasada han sido el sector del textil, calzado y el complemento.
Las previsiones realizadas en junio (fecha en la que se adquirió la mercancía) se han ido al traste. Mientras que los establecimientos de Vigo exponían gabardinas, chaquetones y cazadoras, la gente demandaba camisetas y polos de manga corta. Esto significa que el plazo que tiene el comercio tradicional para recaudar lo invertido y obtener algo de beneficio se ha reducido en dos meses. La única solución es liquidar el género antes de que lleguen las rebajas de invierno, el próximo 7 de enero.
La ley prohíbe explícitamente ofrecer artículos de temporada bajo el régimen de rebajas. Los propietarios de los negocios la eluden mediante la colocación en los escaparates de carteles que ponen «Liquidación de negocio» o «Reforma». «Hay que recuperar como sea el dinero invertido porque tenemos que pagar los salarios, seguridad social y la mercancía que se debe, además de adquirir el catálogo de la próxima temporada», afirma preocupado el propietario de un comercio en la zona de Príncipe.
Pintan bastos para los 7.500 negocios de Vigo. Las pérdidas acumuladas desde enero han aumentado en más de un 35% y las ventas en las rebajas de verano cayeron un 22%. El motivo, muy sencillo. Al encarecimiento de la hipoteca hay que sumarle la caída del poder adquisitivo del trabajador vigués. El 60% de los vecinos viven con 900 euros al mes, pagas extras incluidas; el 30% lo hacen con 1.200 euros. Sólo el 10% de los empleados tienen el privilegio de poder dedicar una parte de su renta mensual al ocio y las compras.