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La Coctelera

eminencia

14 Junio 2007

El comercio de Barbanza prevé recaudar en las próximas rebajas el 40% del total anual

Las próximas rebajas, que comienzan el próximo uno de julio y se prolongarán por espacio de dos meses, se recibirán como agua de mayo en los establecimientos familiares de la comarca. Los datos que manejan las diferentes asociaciones del comercio de Barbanza, Noia y Muros son casi idénticos y apuestan por una cifra concreta: el 40% de la facturación anual se prevé recaudar durante los meses de julio y agosto.

«El euro nos ha machacado». Esta frase es la sentencia definitiva con la que los responsables de las asociaciones del comercio de Barbanza asocian los números rojos que vienen obteniendo, desde hace años, los cientos de negocios que operan en la comarca.

Si las joyerías hacen su agosto en plenas Navidades, el textil, el calzado y el complemento deberían ser, si la climatología y el turismo así lo permiten, los grandes beneficiados de la ola de descuentos que inundarán los escaparates de las comarcas de Barbanza en los próximos sesenta días.

Dependencia del turismo

No hay que olvidarse que el número de vecinos en las zonas costeras se pueden multiplicar por diez en los próximos dos meses, hasta alcanzar los 600.000 visitantes, un 20% de lo que recibe Santiago a lo largo del año. Las tiendas tienen, por tanto, una gran dependencia del turismo para poder hacer algo de caja antes de que vuelva el invierno, y con ello, los quebraderos de cabeza de muchos autónomos de la comarca.

Según las asociaciones comerciales consultadas, los ingresos que recogen las cajas registradoras de los barbanzanos van cada vez a menos y los números rojos empiezan a aflorar. Desde el 2005, las ventas han sufrido un varapalo acumulado del 30%. Y las pérdidas son más acusadas en las campañas de otoño- invierno que en las de primavera-verano.

Descuentos agresivos

Lejos quedan los tiempos en los que las rebajas comenzaban con un 5 o 10% de descuento en el precio final del producto, y que gradualmente se iban ampliando con el paso de las jornadas. Dentro de tres semanas habrá establecimientos que inicien, de salida, con descuentos de entre el 40 y 50%.

El motivo hay buscarlo en el escaso margen de tiempo para quitarse de encima la mercancía de temporada que se adquirió previamente, y que en algunos casos, aún está pendiente de pago.

Las asociaciones del comercio de Barbanza, que aglutinan a cerca de 700 firmas, en su mayoría de tradición familiar, ven en la reducción del poder adquisitivo de los vecinos, las claves de la crisis económica por la que atraviesa el pequeño comercio.

«Si a un municipio de la costa, le quitas el peso industrial, y le sumas la precariedad laboral, los bajos salarios y la subidas constantes en las hipotecas, ¿qué es lo que queda a una familia para hacer las compras?», se pregunta Nieves Viñas, responsable hasta hace dos semanas de la Asociación de Empresarios de Noia.

En el 2005 un barbanzano destinaba al consumo 42 de cada cien euros que ingresaba. En la actualidad sólo son 33. Una tendencia que irá en caída libre en los próximos meses, según los expertos financieros.

A la crisis galopante que viene sufriendo el comercio barbanzano, hay que sumarle un efecto pernicioso que se traduce en pérdidas para el sector: el escaso margen de tiempo destinado a la temporada alta.

Las ventas en la campaña primavera-verano empiezan a tener su reflejo en las cuentas corrientes de los autónomos a partir de marzo y abril. Y justo cuando los locales empiezan a tener clientes, aparece el uno de julio y, por tanto, las consabidas rebajas.

Los representantes del comercio barbanzano creen que una solución que permitiría maquillar los malos resultados, sería el de retrasar en un mes las rebajas. «Se permite ganar 30 días al calendario», afirma Ruth Taladriz. Algo que se corrobora desde las asociaciones de comercio.

Sin embargo, Nieves Viñas y Gladys Bermúdez aseveran que «la presión de las grandes superficies es más eficaz que la realizada por los miles de pequeños negocios de la zona».

Siantes había ocho meses de invierno, dos de primavera y otros dos de verano, la proporción está cambiando a paso agigantados. Y esto se ve reflejado tanto en las pautas de compra del cliente como del autónomo a la hora de adquirir la mercancía.

Hace 15 años, la temporada otoño-invierno se prolongaba desde septiembre hasta abril. La venta de la prendas de vestir de punto y chaquetones representaban un volumen de negocio muy importante al final de año porque se trata de prendas caras y que dejan un margen comercial muy grande. Actualmente, y salvo raras excepciones, el invierno dura tres meses y, por tanto, la gente aguanta con la ropa del año anterior y reserva el dinero a la compra de prendas de verano, que son más económicas.

El propietario del pequeño negocio también cambia su política de compra. La premisa: no tener mercancía en almacén. Se adquiere lo que va a tener salida, y el resto, se pide al proveedor bajo petición expresa.

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